Hay cifras que no necesitan interpretación. La pérdida de 6 mil 839 patrones registrados ante el IMSS en un solo mes es una de ellas. No es un tecnicismo ni un “ajuste natural”: es una señal clara de que algo se está rompiendo en la economía real, esa que no se arregla con gráficas optimistas ni con discursos mañaneros.
Durante 2025, el gobierno insistió en vender la idea de un mercado laboral sólido, casi blindado. Pero mientras se hablaba de “pleno empleo”, en los hechos desaparecían empresas, cerraban negocios y cada vez menos personas estaban dispuestas a seguir operando dentro de la formalidad. Porque nadie cierra por gusto. Se cierra cuando ya no dan los números, cuando la incertidumbre pesa más que las ganas de seguir.
La pérdida de patrones no es un accidente de fin de año. Es una tendencia que se viene arrastrando desde hace meses y que el dato más reciente confirma sin rodeos. Menos empleadores significa menos inversión, menos empleo formal y menos futuro. Así de simple.
Aquí está el punto que el gobierno evita decir: sin patrones no hay empleo. Y sin condiciones para que esos patrones existan, lo que queda es informalidad, precariedad y simulación estadística. Las pequeñas y medianas empresas —las mismas que sostienen buena parte del empleo formal— son las primeras en caer cuando se acumulan cargas fiscales, reglas cambiantes y un ambiente hostil para invertir.
El balance anual es brutal. En todo 2025 apenas se generaron 278 mil empleos formales, una cifra pobre incluso después de inflarla con programas piloto. Es el peor desempeño en cinco años y uno de los más bajos desde principios de siglo. Y aun así, se intentó presentar como avance.
La contradicción se vuelve imposible de ocultar en diciembre, cuando se perdieron más de 320 mil empleos formales en un solo mes. Sí, hay estacionalidad, pero también hay realidad: se perdieron más empleos en diciembre de los que se crearon en todo el año. Eso no es un bache, es un síntoma.
Las Afores terminan de cerrar el círculo. Casi 191 mil personas recurrieron a retiros por desempleo en diciembre. La autoridad dice que no es señal de mayor desempleo, pero cuando coinciden menos patrones, menos empleo formal y más retiros, la historia se cuenta sola.
La economía no se cae de golpe; se va desgastando. Primero se van los patrones, luego los empleos y al final la confianza. Lo que hoy muestran los datos no es una anécdota ni una exageración opositora: es el costo real de un modelo que ha preferido el discurso al crecimiento. Y cuando la economía real habla, ignorarla suele salir caro.

