La reforma político-electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum ha superado su primer filtro legislativo; este martes ha sido aprobada en comisiones unidas de puntos constitucionales y de reforma electoral de la Cámara de Diputados como una ilusión y mero trámite. Los aliados de Morena, PT y PVEM han votado en contra de la propuesta presidencial. La enmienda de calado que tensó los últimos meses la relación entre los partidos del bloque gobernante ha avanzado la última milla rumbo a una muerte asegurada que se concretará este miércoles en el pleno del órgano legislativo. Los aliados en el oficialismo han marcado una distancia que adelanta el naufragio de la propuesta, una prueba de fuerza dentro del bloque oficialista.
La escena de la tarde de este martes ha resumido el momento político del oficialismo. Morena mantiene el control de las comisiones legislativas y la capacidad de empujar iniciativas clave, pero esta vez no ha contado con la cohesión del bloque que lo llevó a dominar el Congreso en el arranque del sexenio. La reforma electoral de Sheinbaum se ha convertido, así, en la primera ruptura en la relación con sus aliados. Un pasaje que adelantó EL PAÍS meses atrás.
La votación fue cerrada: 45 legisladores de Morena a favor y 39 del PT, Verde, PAN, PRI y MC en contra. Un resultado previsto por la agrupación guinda que operó una discusión rápida que no dejara mucho tiempo para el golpeteo. La misma fórmula que alistan para el pleno. La salida menos vergonzosa para el morenismo. Por ello, la sesión que se desarrolló bajo tensión mínima, en voz de legisladores de bajo perfil, duró apenas unas horas. La ruta marcada por Morena para no sobreexponerse. La bancada oficialista se ha quedado sola y ha sostenido la discusión con el argumento de la necesidad de cambios a las reglas electorales y las bondades de una reforma que tocó puntos sensibles para sus aliados. La defensa férrea a la reducción del financiamiento público a los partidos políticos y la reconfiguración de la representación proporcional han sido los puntos de quiebre que la coalición opositora no logró superar.
El debate no alcanzó a ser tan ríspido como se esperaba. “Hemos sido objeto de un linchamiento mediático en estos últimos días, por defender una postura no de mezquindad, no de privilegios, no de cuotas y de cuates, sino por defender espacios para las voces minoritarias”, ha dicho el diputado petista, Pedro Vázquez para anunciar su voto en contra. La “campaña negra” contra el PT que adelantó este periódico ha sido confirmada por los socios de Morena. En el Partido Verde, como hasta ahora, el pronunciamiento fue más tibio. “En esta ocasión no podemos acompañar el dictamen, porque consideramos que la propuesta puede fortalecerse para garantizar condiciones de igualdad y competencia democrática”, lanzó el legislador Ricardo Astudillo a nombre de la bancada verdeecologista.
La premura del proceso en comisiones provocó críticas inmediatas de la oposición, que cuestionó al oficialismo por buscar una salida rápida y no una discusión amplia como ameritaba. Diputados del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano señalaron que el procedimiento dejó un margen corto para el debate técnico y para el análisis de los impactos que tendría la reforma en el sistema democrático. “Es un panfleto ideológico trasnochado que nació muerto”, ha sostenido el panista Homero Niño de Rivera, quien además puso en tela de juicio que Sheinbaum la haya avalado. “Creo que la presidenta no la alcanzó a leer porque si no, no hubiera firmado este bodrio”, lanzó. Sus declaraciones fueron tomadas por los guindas como violencia política en razón de género.
Con todo, el oficialismo se mantuvo firme para esquivar las críticas e insistió en que la reforma ha sido discutida durante meses en distintos espacios y cuenta con el sustento técnico y el respaldo popular para ser aprobada. Desde hace semanas, el PT y el PVEM han manifestado reservas sobre los puntos más espinosos de la reforma. Ambos partidos, clave para que Morena alcance mayorías calificadas, han advertido que la propuesta afecta el equilibrio político y las condiciones de competencia para las fuerzas minoritarias. Un camino directo a la regresión democrática y al regreso del partido hegemónico. “Los grandes cambios no son procesos lineales. Estamos tomando impulso para el siguiente salto, la reforma electoral que este país necesita. Nos vemos en el plan B”, dijo como una advertencia la diputada morenista María Guadalupe Morales.
Dirigentes y legisladores de los partidos aliados han dejado claro que, en su forma actual, la iniciativa no contará con su respaldo. La postura coloca a Morena en una posición incómoda: sin los votos de sus aliados tradicionales, la reforma no alcanzará este miércoles la mayoría calificada necesaria para ser aprobada en el pleno. El escenario será inédito para el oficialismo: una iniciativa presidencial que será reventada con el apoyo de los aliados de Morena. La primera gran derrota parlamentaria de la presidenta.
