AMLO quiere regresar… después de destruir al país

AMLO quiere regresar… después de destruir al país

La simple posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador vuelva a recorrer México ha generado una mezcla de indignación, incredulidad y repudio. Después de un sexenio marcado por miles de muertes, territorios entregados al crimen organizado, instituciones debilitadas y un país roto en seguridad, economía y gobernabilidad, ahora pretende reaparecer en escena con una gira para promover su nuevo libro, como si el desastre que dejó no fuera suficiente advertencia de lo que significa su presencia en la vida pública.

El rumor de su regreso no solo expuso lo profundo del daño que provocó, sino también la fragilidad del gobierno actual y de Morena, un partido que continúa plagado de corrupción interna, facciones enfrentadas, escándalos, vínculos con criminales, lujos y abusos. Todo esto mientras Claudia Sheinbaum intenta sostener un proyecto que nació con fracturas y que nunca ha logrado caminar sin el respaldo del líder que más lastimó al país en tiempos recientes. Que ahora necesiten reactivarlo para “ordenar” al gobierno solo evidencia que la llamada Cuarta Transformación jamás tuvo rumbo real, ni liderazgo propio, ni la capacidad de enfrentar los problemas que ellos mismos agravaron.

La figura de López Obrador, lejos de representar estabilidad, es el símbolo del periodo más violento en la historia moderna de México, con niveles récord de homicidios, desapariciones y territorios controlados por grupos armados que operaron con libertad bajo un gobierno que convirtió la impunidad en política oficial. La corrupción no se combatió, solo cambió de manos; la violencia no disminuyó, se disparó; y la gobernabilidad se volvió un espejismo en un país donde el Estado perdió presencia mientras el crimen ganaba poder.

Por eso su eventual retorno no despierta esperanza, sino temor y rechazo. No es un gesto inocente de promoción cultural ni un reencuentro con sus simpatizantes: es un intento de influir de nuevo en la política nacional, de corregir desde afuera lo que él mismo dejó colapsado, de seguir operando como caudillo en un país que necesita institucionalidad, no la sombra de quien deterioró cada espacio que tocó. La pregunta, en realidad, es qué pretende hacer un expresidente que dejó al país en ruinas y que ahora busca reaparecer como si fuera un guía necesario, cuando fue justamente su gobierno el que provocó la crisis que hoy se vive.

México no necesita su regreso; necesita sanar de él. Pretender volver después del daño causado no es un acto político: es una ofensa. Y la indignación que su aparición provoca no es exagerada, es la respuesta natural de un país que aún carga las consecuencias de su administración y que no puede permitirse repetir la historia. Porque si algo está claro es que López Obrador ya hizo suficiente daño. Y su regreso no sería un capítulo nuevo, sino una recaída nacional.

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