Por momentos, el oficialismo tiene un talento casi artístico para convertir conceptos nobles en piezas de utilería política. Lo vimos con la “austeridad”, con la “transformación” y ahora lo vemos con la “independencia”.
El llamado “Segundo Encuentro Continental de Comunicadores Independientes”, impulsado por Jesús Ramírez Cuevas, no es otra cosa que la escenificación más reciente de ese viejo truco: disfrazar control de libertad.
Porque hay que tener un cinismo notable —o una fe ciega en la memoria corta— para pretender que un evento organizado desde el corazón del aparato gubernamental pueda venderse como un espacio de comunicación independiente. Es como si el árbitro organizara el torneo… y además eligiera a los equipos.
Ramírez Cuevas no es un observador externo ni un académico neutral. Es, probablemente, uno de los arquitectos más consistentes de la narrativa oficial en los últimos años. El mismo que convirtió la conferencia matutina en un instrumento de señalamiento, presión y construcción de enemigos públicos. El mismo que entendió que en política ya no basta con gobernar: hay que imponer el relato.
Y ahora, con ese mismo ADN, nos presenta un “encuentro” que presume pluralidad.
La realidad es menos poética: un espacio cómodo, alineado y predecible, donde las voces críticas brillan por su ausencia. Porque la independencia, en este nuevo diccionario político, parece significar algo muy específico: estar de acuerdo.
No sorprende, entonces, que comunicadores incómodos no hayan tenido cabida. Los usuarios de X Vampipe y Avieu, por ejemplo, han señalado que intentaron registrarse sin éxito. Y aquí es donde el discurso se desmorona: si el evento fuera realmente abierto, ¿qué riesgo representaría permitir la entrada de voces críticas?
Oye, @JesusRCuevas… ya aprueba mi folio.
— vampipe ⍨ (@vampipe) March 19, 2026
Recuerda que es plural y diverso…
¿O era pura mentira eso? cc @avieu pic.twitter.com/doSnMxKVaK
La respuesta es evidente: ninguno… salvo el de perder el control del guion.
Oye @vampipe creo que @JesusRCuevas no nos quiso en su encuentro de periodistas independientes. Ya es mañana y no he tenido ninguna respuesta positiva para la acreditación. 🤷🏻♀️ pic.twitter.com/gLrRi1J9rw
— Avi 🦆 (@avieu) March 20, 2026
Porque de eso se trata todo esto. De control. De construir una red de comunicación que se perciba como alternativa, pero que en el fondo funcione como extensión del poder. Un ecosistema donde se replica, se amplifica y se defiende la narrativa oficial, con estética de rebeldía pero lógica de disciplina.
El problema no es que el gobierno tenga aliados mediáticos —eso ha existido siempre—. El problema es la simulación. La insistencia en vender como independiente lo que claramente está alineado.
“Informar es liberar”, dicen. Pero en este caso, la liberación parece tener condiciones: pensar igual, decir lo mismo y, sobre todo, no incomodar.
Porque cuando la independencia se vuelve un requisito aprobado desde arriba, deja de ser independencia.
Y se convierte, simplemente, en propaganda con mejor branding.
