El gobierno está repitiendo el manual de Echeverría, pero con redes sociales y conferencia mañanera. Cuando un medio no les sirve, lo aplastan donde más duele: en la publicidad y en los ingresos. No necesitan clausuras ni policías; basta con cerrar la llave del dinero para castigar al que no se arrodilla.
Eso le hicieron a Excélsior en los 70, y hoy están aplicando la misma receta sin pudor. Lo que dijo Sheinbaum en la mañanera no fue una opinión: fue una señal. Un mensaje calculado para justificar el boicot a medios incómodos. Es el clásico discurso del poder cuando se siente amenazado: “Nos atacan”, “tienen intereses”, “siguen una línea”. Ya sabemos a dónde lleva eso.
Después vino Jesús Ramírez Cuevas intentando disfrazar todo como “decisiones del mercado”. Nadie se traga esa mentira. El boicot a TV Azteca no es técnico: es político. Reforma, El Norte, Azteca… da igual el nombre; el patrón es el mismo. Si no aplauden, los castigan. Si no ceden, los señalan. Si publican algo incómodo, les tiran la línea publicitaria para que entiendan quién manda.
La 4T presume libertad de expresión mientras revive los trucos del PRI setentero: ahorcar económicamente a quien no coopera. No es debate. No es crítica. Es presión directa desde el poder para domar a los medios.
Y la advertencia es clarísima: hoy es TV Azteca. Ayer fue Reforma. Mañana será cualquier medio que cometa el pecado de no alinearse.
Esto no es un accidente ni un malentendido. Es un mensaje.
El gobierno quiere periodistas dóciles o sin recursos. Y los que no entren en esa categoría, que se atengan al boicot.

