Ya no saben cómo limpiar la porquería de Adán Augusto que empieza a arrastrar a Andrea Chávez

Ya no saben cómo limpiar la porquería de Adán Augusto que empieza a arrastrar a Andrea Chávez

La caída de Adán Augusto López Hernández no terminó cuando dejó la coordinación de Morena en el Senado. Al contrario: desde entonces, el lodo no ha dejado de salpicar a quienes orbitan alrededor suyo. Y hoy, una de las más afectadas es Andrea Chávez, cuya aspiración a competir por Chihuahua parece cada vez más comprometida.

En los pasillos políticos del estado ya no se habla de cómo posicionarla, sino de cómo salvarla. Fuentes locales citadas por LPO aseguran que, ante el desgaste creciente y las denuncias que persiguen al tabasqueño, la estrategia habría pasado de lo político a lo simbólico: una boda. No una por amor, sino una diseñada para lavar imagen.

La recomendación atribuida a Adán Augusto habría sido clara y brutalmente pragmática: casarse con un joven empresario bien visto en Ciudad Juárez para fabricar respaldo social y cambiar la narrativa. El nombre que aparece en esa ecuación es Emil Kamar, joyero, heredero de una familia acomodada y con vínculos empresariales a ambos lados de la frontera. Un “activo reputacional”, más que una pareja.

La maniobra —según esas versiones— busca algo muy concreto: tapar el hedor político que rodea al exgobernador de Tabasco y evitar que Andrea Chávez quede sepultada bajo él. Porque hoy, en Morena, su cercanía con Adán Augusto ya no suma: resta, pesa y contamina.

En privado, incluso aliados habrían encendido las alarmas. El mensaje que circula es directo: “o se deslinda por completo, o nos hunde a todos”. La urgencia no es menor. La candidatura de Andrea en Chihuahua está en riesgo real, no por falta de estructura, sino por cargar con un padrino político cada vez más tóxico.

No es casual que la supuesta estrategia incluya elementos de “familia”, “estabilidad” y hasta rumores de maternidad futura. En la lógica del viejo manual político, nada distrae más que una historia personal edulcorada. El problema es que el país ya no compra tan fácil esas operaciones cosméticas.

Además, el trasfondo es todavía más crudo. Vincularla con una familia empresarial poderosa de Chihuahua serviría para romper la asociación pública —cada vez más incómoda— entre Adán Augusto y presuntos nexos oscuros que rondan su figura. En otras palabras: cambiar de padrinos para que se note menos la mugre del anterior.

Todo esto ocurre mientras el verdadero rival interno avanza sin tanto escándalo: el alcalde juarense Cruz Pérez Cuéllar, que apuesta a su control territorial y a una imagen menos contaminada para pelear la candidatura.

El dato clave es este: Adán Augusto aceptó hacerse a un lado en el Senado, pero no piensa soltar el control político. Andrea Chávez sigue siendo su apuesta central para Chihuahua, aun cuando su propio desgaste amenaza con arruinarla.

Hoy, la pregunta ya no es si la estrategia funcionará. Es más básica y más incómoda:
¿Cuánta porquería ajena puede cargar una candidatura antes de volverse inviable?

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