Mahahual es un pequeño puerto del municipio de Othón P. Blanco, en la costa sur de Quintana Roo, donde el mar Caribe despliega aguas turquesa, playas de arena clara y una atmósfera tranquila que contrasta con otros destinos más concurridos de la región. Frente a sus costas se extiende el Sistema Arrecifal Mesoamericano, el segundo arrecife coralino más grande del mundo, hogar de peces, corales y especies marinas que convierten a Mahahual en uno de los paisajes naturales más valiosos del Caribe mexicano.
Sin embargo, el ecosistema arrecifal ha perdido más de la mitad de su cobertura coralina viva en las últimas décadas debido al calentamiento del océano, las enfermedades y la contaminación, de acuerdo con Healthy Reefs Initiative. A ello se suma la llegada masiva de sargazo, que en 2025 alcanzó niveles récord en el Atlántico tropical, además de la erosión costera y el aumento de fenómenos meteorológicos extremos, factores que ponen en riesgo la biodiversidad y el equilibrio natural de la zona.
En medio de este escenario aparece Perfect Day México, de la compañía de cruceros Royal Caribbean, un proyecto presentado en 2025 para construir un complejo acuático con playas artificiales, albercas, restaurantes y toboganes inspirado en su modelo de CocoCay, en Bahamas. El proyecto contempla una inversión cercana a los 1,000 millones de dólares y la recepción de hasta 21,000 visitantes diarios en una comunidad de menos de 3,000 personas cuya economía depende principalmente del turismo de cruceros.
La apuesta ocurre en un momento en que las grandes navieras y cadenas hoteleras enfrentan un aumento de costos derivados de la degradación ambiental del Caribe. La presencia de sargazo obliga cada año a destinar millones de dólares a labores de limpieza y contención en destinos turísticos de Quintana Roo, mientras que la pérdida de arrecifes reduce el atractivo de actividades como el buceo y el esnórquel.
La Organización Mundial del Turismo (OMT) ha advertido que los ecosistemas costeros son fundamentales para la economía turística de las regiones insulares y que su deterioro representa un riesgo económico y social para los destinos dependientes del turismo.
Ante ello, los desarrollos artificiales representan una ventaja para la industria turística, ya que permiten controlar el entorno y disminuir la dependencia de playas naturales, manglares o arrecifes. Albercas, lagunas artificiales y playas regeneradas ofrecen experiencias previsibles incluso durante temporadas de sargazo o mal clima. Además, este modelo facilita que el gasto turístico permanezca dentro de complejos privados operados directamente por las navieras.
No obstante, organizaciones ambientales advierten que este tipo de proyectos puede intensificar la presión sobre ecosistemas ya deteriorados. Greenpeace señala que el desarrollo en Mahahual podría afectar manglares, fauna costera y sistemas acuíferos de la región. La organización entregó a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) un análisis técnico sobre la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) del proyecto.
La titular de la Semarnat, Alicia Bárcena, declaró recientemente que el proyecto no será aprobado, aunque sin ofrecer más detalles. La dependencia había informado previamente que realizaba revisiones integrales de la MIA y analizaba los posibles impactos sobre ecosistemas costeros y marinos, así como las medidas de mitigación planteadas por la empresa.
“La Secretaría considera las más de 14,000 opiniones ciudadanas recibidas durante la consulta pública, así como la información técnica presentada por comunidades, especialistas y organizaciones ambientales, incluida Greenpeace México”, indicó la Semarnat en una nota informativa.
Aleira Lara, directora ejecutiva de Greenpeace México, señala que la fragmentación de la península de Yucatán ha permitido la expansión de proyectos turísticos que ponen presión sobre los ecosistemas y las comunidades.
Lara considera que el gobierno debe impulsar un modelo distinto de desarrollo turístico para la región y agrega que es necesario que esto vaya más allá y lo que solicitan al gobierno actual es que haya un plan interestatal para promover otro modelo de desarrollo.
“Es el estado el que tiene que resguardar el patrimonio biocultural de nuestro país. Es imperativo que haya una política de gobierno que privilegie el medio ambiente y los derechos humanos sobre las inversiones en proyectos extractivistas”, añade.
Para Gemma Santana, cofundadora de Sélvame MX, impulsar proyectos artificiales en una de las regiones con mayor riqueza natural del planeta significa poner en riesgo el verdadero valor del Caribe mexicano. La activista considera contradictorio que México, reconocido entre los cinco países más biodiversos del mundo, no priorice un modelo turístico basado en la conservación ambiental y advierte que continuar por ese camino equivale a atentar contra sus propios recursos naturales, especialmente cuando destinos como Mahahual, Cozumel, Playa del Carmen y Tulum ya han sufrido un deterioro ambiental acelerado en muy pocos años.
“Tú quitas selva, quitas ecosistemas y entonces se hace más caliente la zona del Caribe, y eso contribuye también a los efectos del cambio climático”, explica.
Por su parte, Royal Caribbean ha reiterado que el proyecto se desarrolla bajo supervisión de las autoridades ambientales mexicanas y aseguró que parte de la superficie será destinada a la conservación de manglares y vegetación. En un posicionamiento enviado a Expansión, la empresa afirmó que el diseño prioriza la protección y restauración de ecosistemas sensibles.
“Royal Caribbean se compromete a hacer esto bien. Proteger el medio ambiente local es nuestra responsabilidad, al igual que brindar beneficios a largo plazo a través de una infraestructura mejorada y el apoyo al empleo local, las empresas y la resiliencia de la comunidad. Esperamos trabajar juntos para garantizar que este proyecto refleje nuestro compromiso compartido con la sostenibilidad y el crecimiento inclusivo para Mahahual y el sur de Quintana Roo”, señaló la empresa.
Mientras tanto, el sector hotelero observa el fenómeno con cautela. En Quintana Roo, empresarios turísticos han impulsado estrategias de sostenibilidad y restauración de playas para enfrentar el deterioro ambiental que afecta la competitividad de los destinos. Sin embargo, Santana considera que la expansión de complejos artificiales podría transformar la relación histórica entre turismo y naturaleza en el Caribe.
“Definitivamente lo que está pasando en el mundo es la desvalorización de la naturaleza. Nos está cobrando muchas facturas, acelerando el tema climático y afectando las especies y la vida con la que compartimos este planeta. El mensaje es que el turismo va a ser el más afectado si no se respetan los ecosistemas. Como industria, definitivamente será de las más afectadas”, apunta Lara.
La tendencia ya es visible en otras regiones. En Medio Oriente y Asia han crecido proyectos turísticos basados en islas artificiales, parques acuáticos y experiencias inmersivas alejadas de ecosistemas naturales frágiles. Para distintas organizaciones ambientales, el caso de Mahahual podría convertirse en un precedente de cómo la industria turística responde a la crisis climática: sustituyendo parte de la experiencia natural por entornos diseñados para operar bajo control permanente.
Lara añade que la discusión no se limita a Mahahual, sino que se repite en distintos proyectos turísticos y de infraestructura en el país. Explica que organizaciones civiles, autoridades y parte del sector turístico trabajan en propuestas para construir un modelo sustentable y respetuoso con el medio ambiente, que permita preservar el atractivo natural de la región y la calidad de vida de las comunidades locales.
“La gente local vive de esto, vive de la pesca artesanal, vive del turismo ecológico y de promover el consumo de la producción que tienen estas regiones. Así que creemos fundamental la discusión a nivel de política de Estado. El medio ambiente tiene que ser un eje transversal de la política pública”, dice Lara.
Con información de Mara Echeverría
