El discurso de la austeridad vuelve a tropezar con la realidad dentro de Morena.
Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador y actual secretario de Organización del partido, aparece en registros de transparencia con un contrato por honorarios para realizar “asesorías y gestiones en materia política”. El pago señalado ronda los 125 mil pesos brutos mensuales.
La cifra ha provocado molestia porque no se trata de cualquier militante ni de cualquier cargo: se trata del hijo del fundador político de Morena, cobrando una remuneración elevada dentro del mismo partido que durante años hizo de la austeridad una bandera moral.
Mientras millones de mexicanos sobreviven con salarios bajos, empleos precarios y aumentos que apenas alcanzan para lo básico, Andy López Beltrán recibe un ingreso que para la mayoría resulta simplemente inalcanzable.
El problema no es solo el sueldo. Es el contraste.
Morena construyó buena parte de su legitimidad criticando los privilegios de la vieja política. Pero cuando esos privilegios aparecen dentro de su propia casa, la explicación ya no suena a transformación, sino a continuidad con otro color.
La pregunta es inevitable: ¿la austeridad era un principio de gobierno o solo un discurso útil para llegar al poder?
