El futuro del T-MEC quedó bajo presión directa luego de que Estados Unidos dejara claro que no pretende renovar el acuerdo comercial en los términos actuales y que, en su lugar, apostará por revisiones anuales. La decisión abre una etapa de incertidumbre para México y representa un golpe político para el gobierno de Claudia Sheinbaum y para Morena, que durante años han presumido estabilidad mientras deterioran la confianza internacional.
El mensaje de Washington es contundente: México ya no llega a la mesa con la fortaleza que presume el oficialismo. Las revisiones anuales colocan al país bajo presión permanente y dejan expuestos sectores estratégicos como el automotriz, manufacturero, agrícola y energético. Para las empresas, esto significa dudas sobre inversión, costos más altos, posibles aranceles y menor certidumbre para planear a largo plazo.
Morena convirtió la economía en un instrumento ideológico. Atacó la inversión privada, debilitó instituciones, politizó el sector energético y vendió soberanía como consigna mientras aumentaba la dependencia de Estados Unidos. Ahora, cuando el principal socio comercial endurece su postura, el gobierno descubre que los discursos no sustituyen la confianza, la seguridad jurídica ni una política económica seria.
La administración de Sheinbaum enfrenta una prueba mayor: defender el acceso preferencial al mercado estadounidense en medio de un escenario que puede cambiar las reglas del comercio norteamericano durante la próxima década. Si México pierde certidumbre, no la perderá Morena en sus conferencias ni sus campañas: la perderán los trabajadores, las empresas, los productores y las familias que dependen del empleo formal.
El oficialismo intentará culpar a Trump, a Estados Unidos o al “neoliberalismo”, pero la realidad es más simple: México llega debilitado porque Morena debilitó al país. Gobernaron con propaganda, despreciaron la inversión y apostaron por el control político antes que por la competitividad.
El costo del deterioro comercial tiene responsables claros: Morena y Claudia Sheinbaum. Si el T-MEC entra en crisis, no será un accidente externo; será la consecuencia de un gobierno que prefirió la ideología antes que el futuro económico de México.
