La congeladora se abrió: señal de que esto se puso feo

La congeladora se abrió: señal de que esto se puso feo

Cuando el jefe tiene que salir a defender al que dejó a cargo, la pregunta no es si algo salió mal. La pregunta es qué tan mal está. Andrés Manuel López Obrador publicó este 3 de junio una carta desde Palenque declarando su «apoyo sin condiciones» a Claudia Sheinbaum. Traducción: Trump los tiene acorralados y alguien decidió que era hora de descongelar al fundador.

La carta es, en los hechos, una admisión. Si Sheinbaum estuviera manejando la presión de Washington con solvencia — los aranceles, la designación de terroristas, las declaraciones de Markwayne Mullin — AMLO no estaría tecleando desde su rancho. Los expresidentes no salen de su retiro a decir que todo va bien. Salen cuando algo se está cayendo.

Y el contraste que traza López Obrador es una estocada disfrazada de elogio a su sucesora. «Yo sí hablé con Trump. Yo sí lo convencí. Yo sí resolví.» El hombre que se fue jurando no meterse lleva tres párrafos recordándole al mundo que él era indispensable. Mientras tanto, Mullin declaró que con Sheinbaum sí hay cooperación posible — lo que en lenguaje diplomático significa que con AMLO no la había, y que el nuevo gobierno está negociando en una posición de debilidad que el propio López Obrador contribuyó a construir.

Lo que la carta no dice es más revelador que lo que dice. No hay una estrategia. No hay un respaldo político concreto. Hay nostalgia de un hombre que extraña el poder, molesto porque su figura está siendo opacada por una crisis que su gobierno sembró y que Sheinbaum está heredando sin las herramientas para enfrentarla.

AMLO pide que «regrese el otro Trump». Lo que México necesita es un gobierno que no dependa de que su antecesor salga de la congeladora cada vez que Washington aprieta.

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